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Historia del Himno Santo Santo Santo

Escrito en 1826 Reginald Heber para el domingo de la Trinidad cuando era Vicario de Hodnet, Shropshire, Inglaterra.

Heber se interesó pronto en el ministerio y, tras ser ordenado por la iglesia anglicana, sirvió dieciséis años en una pequeña capilla. Conocido por su admirable carácter cristiano, fue muy respetado por los aldeanos.

Reginald Heber escribió la letra de este himno con el único propósito de ser usado en el domingo de Trinidad que es ocho semanas después de la Semana Santa. En ese domingo se reafirma la doctrina del Dios en tres personas. Aunque el término trinidad no aparece en la Biblia, Heber conocía las Escrituras y las verdades eternas que enseñan la deidad de Cristo y del Espíritu Santo así como la del Padre.

El Dr. John Bacchus Dykes compuso la música para la letra de Reginald Heber en el año 1861. La tonada se llamó “Nicea” por el Concilio de Nicea celebrado en el 325 de nuestra era para examinar la doctrina de la trinidad.

El deseo de Reginald Heber fue siempre el de mejorar la calidad de los cánticos congregacionales. No caigamos en el desuso de este majestuoso pilar de doctrina.

Algunos lo describen como un hombre adelantado a su tiempo, lleno de visión, integridad y compasión.

“Según los Evangelios solo hay dos clases de seres humanos; aquellos que amamos y aquellos que deberíamos amar” - Reginald Heber

**El himno estrofa a estrofa
I
¡Santo, santo, santo! Señor omnipotente,
Siempre el labio mío loores te dará.
¡Santo, santo; santo! Te adoro reverente
Dios en tres Personas, bendita Trinidad.

Alabar a Dios por siempre, implica más que recitarle una doxología; es mostrar en nuestro lenguaje y en nuestra conducta la gloria de Dios, teniendo
labios que sólo hablen palabras dignas de un hijo Suyo.
El tributo a Dios se logra además, llevando una conducta santa en todo lugar, ya sea la vida diaria, en la vida social o en la iglesia.

II
¡Santo, santo, santo! El numeroso coro
Santos escogidos te adoran con fervor
De alegría llenos, y sus coronas de oro,
Rinden ante el trono glorioso del Señor.

Dios existe en sí mismo, nadie le ha dado su poder y nadie hay mayor que Él. La sombra de su gloria se muestra rebosante en toda la creación. Él es oculto a los hombres vanos y engreídos en su propio razonamiento, pero los santos, humildes y mansos de corazón exclaman: ¡Nadie hay como Tú en poder perfecto, pureza y caridad!

III
¡Santo, santo, santo! La gloria de tu nombre
Vemos en tus obras en cielo, tierra y mar,
¡Santo, santo, santo! Te adorará todo hombre,
Dios en tres Personas, bendita Trinidad

Los judíos tenían el nombre de Dios por impronunciable debido a la gloria del Todopoderoso. Hombres pueden negar la Existencia de Dios, sin embargo, la perfección de su creación imposibilita tu ausencia.
Hemos sido creados con la capacidad de Adorar a Dios. Nadie más en su creación fue concebido como un ser racional, sino sólo nosotros. Dobleguemos nuestra rodilla ante Él y reconozcámosle como el Único digno de Adoración.
Un Dios que existe en tres personas perfectamente unidos con un mismo fin: nosotros. Dios, el creador y hacedor de todas las cosas, el cual obsequió a Su Hijo a nosotros los pecadores y quien a sí mismo, al morir, nos envió un Consolador: El Espíritu Santo. Hoy, El Hijo se sienta al lado del Padre para abogar por nosotros y el Espíritu Santo, nos alienta en nuestro caminar por esta vida pasajera. ¡Qué mejor regalo y razón para que todo hombre adore a Dios!

**Adaptado por el editor


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